Visita del Comité Cívico de la Memoria Histórica de Manta
Alvaro Keding/© AMNH
El Museo Americano de Historia Natural dió la bienvenida a miembros del Comité Cívico de la Memoria Histórica de Manta el 8 de agosto y el 16 de diciembre de 2024, como parte de un diálogo en marcha sobre la ampliación de información en la exhibición de una silla de piedra, icónica y ceremonial, que proviene de la cultura manteña. La silla, fabricada entre los años 800 y 1535 e. c., tiene mucha significancia cultural y está exhibida en la Sala de los Pueblos de Sudamérica.
Muchos de los residentes actuales de Manabí, una provincia en la costa del Pacífico de Ecuador, son descendientes de los primeros manteños, quienes crearon una sociedad de artesanos y comerciantes de larga distancia que floreció durante aproximadamente 1,000 años hasta la llegada de los españoles, y cuya memoria, cultura material y rastros en el paisaje, constituyen una parte integral de la identidad de los residentes de esta región.
Como parte de esta colaboración, los señores Víctor Arias Aroca, Vladimir Zambrano, y David Ramírez, miembros de este Comité Cívico de la ciudad de Manta, Ecuador, proporcionaron datos importantes sobre el contexto histórico de la silla de piedra, la cual forma parte de las colecciones arqueológicas al cuidado del museo.
Sillas, como la que se ve aquí, son los vestigios más preeminentes de la cultura manteña, la última sociedad prehispánica que se desarrolló en la costa del Ecuador entre el año 800 e. c. y 1535 e. c.
Estas sillas de piedra en forma de U eran utilizadas como asientos ceremoniales para reuniones religiosas, rituales, o de gobernanza por los caciques o jefes de las tribus. Eran elaboradas en una sola pieza, tallado con precisión y solidez, en roca volcánica (andesita), en caliza y en arenisca, con dos reposabrazos que se forman del contorno lineal de la letra mencionada, sin espaldar (Gutiérrez Usillos, 2016, pág. 14).
Alvaro Keding & Daniel Kim/© AMNH
Las sillas más altas alcanzan una altura de 70 a 90 cm, las más bajas 20 cm. La medida del asiento puede llegar unos 60 centímetros de ancho de brazo a brazo, y la profundidad oscila entre 20 y 40 cm, aproximadamente (Gutiérrez Usillos, 2016, pág. 20). Se estima que su creación requirió meses de dura aplicación por hábiles artistas.
Según Colin McEwan (1992), las sillas en U de piedra eran símbolo de poder y de religiosidad, pues el jerarca estaba, a través de este instrumento, en contacto con la sabiduría sagrada y demostraba el respeto por la naturaleza. Conforme a esta interpretación, en las sillas encontradas, su base, que se muestra bajo el asiento, propiamente dicho, se conforma de una figura antropomorfa que refleja el poder del señor cacique sobre los hombres y mujeres, y unas figuras zoomorfas que suponen el dominio sobre los animales y otros aspectos de la naturaleza.
Esta hipótesis sobre las formas de este mueble sagrado, está también apoyada por el historiador Joselías Sánchez (Sánchez, 2017), quien ha desarrollado estudios sobre la ancestralidad manteña y la condición en que vivían los naturales en aquella época. En efecto, cuando los españoles llegaron a la costa ecuatoriana en 1526, bajo el liderazgo de Francisco Pizarro y Bartolomé Ruiz, encontraron una cultura organizada y sofisticada. Las observaciones de los españoles sobre la sociedad manteña llegaron a formar una parte importante del conjunto de documentos históricos conocidos hoy como “crónicas de Indias.”
Ángel Tayo
El Territorio Manteño
Los estudios e investigaciones de M. Saville (1907, 1910), E. Estrada (1962) y J. Jijón y Caamaño (1941-1946, 1951) señalan que los asentamientos de la cultura manteña se establecieron en la costa ecuatoriana. Están clasificados hoy en día como señoríos y estaban ubicados entre las provincias de Manabí y Santa Elena, llegando hasta el Golfo de Guayaquil. Sus límites se extendían desde el denominado Cabo Pasado en Bahía de Caráquez, hacia el sur, alcanzando la Isla Puná y las estribaciones de las montañas de la cordillera costera. Entre sus principales asentamientos figuraban Picoazá, también conocido como Cerro Hojas-Jaboncillo, con puertos destacados en el Señorío de Jocay (actual Manta) y el Señorío de Salangome.
Una Nueva Civilización
Al principio del siglo XX, en 1906, el arqueólogo estadounidense Marshall H. Saville realizó excavaciones y estudios acerca de la cultura manteña en la provincia de Manabí, los cuales quedaron recogidos en su obra científica The Antiquities of Manabí, Ecuador (Vol. I, 1907; Vol. II, 1910). Profesor de arqueología en la Universidad de Columbia, investigador del Museo del Indígena Americano, y pasado curador del Museo Americano de Historia Natural, Saville hizo anotaciones destacadas sobre la civilización manteña anterior a la conquista. En septiembre de 1907, el periódico New York Times, resaltó en líneas mayores el "hallazgo" por Saville de una "nueva civilización" en Sudamérica (se requiere suscripción), refiriéndose a la cultura manteña. Gracias a su prestigio y dedicación, las investigaciones de Saville fueron reconocidas por universidades y museos que hoy exhiben algunos de los vestigios más notables de esta cultura, entre ellos la silla manteña delante de Ud.
Navegación y Comercio
Alvaro Keding/© AMNH
Los conquistadores españoles, en los primeros contactos con los manteños, quedaron impresionados por la organización comercial y social de esta civilización. Los manteños construyeron grandes balsas equipadas con velas, las cuales les permitían aprovechar de vientos para superar corrientes, navegando a lo largo de la costa del Pacífico desde los actuales paises de México hasta Chile. Estas embarcaciones eran utilizadas para exploración y comercio de alimentos, cerámicas, textiles, y metales preciosos. Como instrumentos de intercambio y dinero premonetal, empleaban las hachas-moneda de cobre y las conchas rojas Spondylus princeps o “mullu” (Marcos Pino, 2011). Sus pobladores reconocían el linaje de la autoridad y se organizaban bajo caciques, con señoríos que tenían una compleja estructura de un estado confederado, vinculados como una liga de mercaderes marítimos establecidos a lo largo de la costa. Dentro de esta confederación se encontraban los manteños del norte, denominados paches; los del sur, llamados guancavilcas; y los punáes (Regalado Espinoza, 2016, págs. 23-29; Véliz Alvarado, 2021, págs. 41, 44).
Marshall Saville, The Antiquities of Manabí, Ecuador. (Vol. II, 1910), Plate LII
Los manteños destacaron en la cerámica utilitaria y ceremonial, diseñando figuras humanas y objetos religiosos. Además, fueron artesanos expertos en textiles de algodón, orfebrería y creación de instrumentos musicales. En cuanto a la talla de piedra, los manteños son considerados maestros en arte lítico. Sobresalieron por la fabricación de grandes piezas ceremoniales, y son considerados una de las culturas más sofisticadas en este campo en la costa ecuatoriana. Los manteños crearon estructuras verticales denominadas estelas y monolitos, talladas con figuras geométricas y representaciones humanas, que probablemente tenían funciones rituales o simbólicas. Elaboraron instrumentos de piedra como hachas, piedras de molienda, y utensilios para la pesca, esenciales para su economía basada en la agricultura y el comercio marítimo. Elaboraron urnas y piezas asociadas con rituales funerarios y prácticas espirituales (Hidrovo, 2016, págs. 118-215).
Los alimentos principales de esta sociedad incluían maíz, yuca o mandioca, maní, frijoles y vegetales de la región. Además, los manteños practicaban la pesca y recolectaban mariscos, entre ellos el Spondylus princeps, cuya concha espinosa de color rojo brillante se utilizaba para crear joyas muy valoradas, tanto en la costa del Pacífico como en los Andes, en donde fueron intercambiadas (Herrmann, 2022).
Investigaciones desde el 2018, de la Universidad de Alcalá de Henares, dirigidas por Manuel Castro-Priego y Lauro Olmo-Enciso (2022), han revelado que comunidades manteñas, como las de Ligüiqui, construyeron estructuras de piedra en la zona intermareal, formando corrales marinos que se convirtieron en sofisticados sistemas de pesca pasiva.
La Diosa Umiña
La diosa Umiña, una de las principales deidades manteña, está asociada con la salud, la fertilidad, la abundancia y la cosecha. Representada como una gran esmeralda sagrada, era considerada un símbolo de su poder y objeto de culto, custodiada por sacerdotes y chamanes en un santuario ubicado en Manta (Cedeño Sánchez, 1985, págs. 88-90; Hidrovo, 2011, pág. 256). Según las crónicas del conquistador Pedro Cieza de León (1922, págs. 174-176), la veneración a Umiña generó peregrinaciones para rituales de sanación y búsqueda de bienestar.
Fecha: diciembre de 2024.
Organismo responsable de informe: Comité Cívico de la Memoria Histórica de Manta.
Redacción: Víctor Arias Aroca, Vladimir Zambrano y David Ramírez
McEwan, C. (1992). Sillas de poder: evolución sociocultural en Manabí, costa central del Ecuador. En P. Norton, 500 Años de Ocupación - Parque Nacional Machalilla (págs. 53-70). Quito: Abya Yala.
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